martes, 13 de marzo de 2012

Me van a tener que disculpar

Por Eduardo Sacheri

EN LA VOZ DE EnlaceALEJANDRO APO AQUÍ

Para Diego

Me van a tener que disculpar. Yo sé que un hombre que pretende ser una persona de bien debe comportarse según ciertas normas, aceptar ciertos preceptos, adecuar su modo de ser a determinadas estipulaciones convenidas por todos. Seamos más explícitos. Si uno quiere ser un tipo coherente debe medir su conducta, y la de sus semejantes, con la misma e idéntica vara. No puede hacer excepciones, pues de lo contrario bastardea su juicio ético, su conciencia crítica, su criterio legítimo.
Uno no puede andar por la vida reprobando a sus rivales y disculpando a sus amigos por el sólo hecho de serlo. Tampoco soy tan ingenuo como para suponer que uno es capaz de sustraerse a sus afectos y a sus pasiones, que uno tiene la idoneidad como para sacrificarlos en el altar de una imparcialidad impoluta. Digamos que uno va por ahí intentando no apartarse demasiado del camino debido, tratando de que los amores y los odios no le trastoquen irremediablemente la lógica.
Pero me van a tener que disculpar, señores. Hay un tipo con el que no puedo. Y ojo que lo intento. Me digo: no puede haber excepciones, no debe haberlas. Y la disculpa que requiero de ustedes es todavía mayor, porque el tipo del que hablo no es un benefactor de la humanidad, ni un santo varón, ni un valiente guerrero que ha consolidado la integridad de mi patria. No, nada de eso. El tipo tiene una actividad mucho menos importante, mucho menos trascendente, mucho más profana. Les voy adelantando que el tipo es un deportista. Imagínense, señores. Llevo escritas doscientas sesenta y tres palabras hablando del criterio ético y sus limitaciones, y todo por un simple caballero que se gana la vida pateando una pelota. Ustedes podrán decirme que eso vuelve mi actitud todavía más reprobable. Tal vez tengan razón. Tal vez por eso he iniciado estas líneas disculpándome.
No obstante, y aunque tengo perfectamente claras esas cosas, no puedo cambiar mi actitud. Sigo siendo incapaz de juzgarlo con la misma vara con la que juzgo al resto de los seres humanos. Y ojo que no sólo no es un pobre muchacho saturado de virtudes. Tiene muchos defectos. Tiene tal vez tantos defectos como quien escribe estas líneas, o como el que más. Para el caso es lo mismo. Pese a todo, señores, sigo sintiéndome incapaz de juzgarlo. Mi juicio crítico se detiene ante él, y lo dispensa.
No es un capricho, cuidado. No es un simple antojo. Es algo un poco más profundo, si me permiten calificarlo de ese modo. Seré más explícito. Yo lo disculpo porque siento que le debo algo. Le debo algo y sé que no tengo forma de pagárselo. O tal vez ésta sea la peculiar moneda que he encontrado para pagarle. Digamos que mi deuda halla sosiego en este hábito de evitar siempre cualquier eventual reproche.
Él no lo sabe, cuidado. Así que mi pago es absolutamente anónimo. Como anónima es la deuda que con él conservo. Digamos que él no sabe que le debo, e ignora los ingentes esfuerzos que yo hago una vez y otra por pagarle.
Por suerte o por desgracia, la oportunidad de ejercitar este hábito se me presenta a menudo. Es que hablar de él, entre argentinos, es casi uno de nuestros deportes nacionales. Para ensalzarlo hasta la estratosfera, o para condenarlo a la parrilla perpetua de los infiernos, los argentinos gustamos, al parecer, de convocar su nombre y su memoria. Ahí es cuando yo trato de ponerme serio y distante, pero no lo logro. El tamaño de mi deuda se me impone. Y cuando me invitan a hablar prefiero esquivar el bulto, cambiar de tema, ceder mi turno en el ágora del café a la tardecita. No se trata tampoco de que yo me ubique en el bando de sus perpetuos halagadores. Nada de eso. Evito tanto los elogios superlativos y rimbombantes como los dardos envenenados y traicioneros. Además, con el tiempo he visto a más de uno cambiar del bando de los inquisidores al de los plañideros aplaudidores, y viceversa, sin que se les mueva un pelo. Y ambos bandos me parecen absolutamente detestables, por cierto.
Por eso yo me quedo callado, o cambio de tema. Y cuando a veces alguno de los muchachos no me lo permite, porque me acorrala con una pregunta directa, que cruza el aire llevando específicamente mi nombre, tomo aire, hago como que pienso, y digo alguna sandez al estilo de «y, no sé, habría que pensarlo»; o tal vez arriesgo un «vaya uno a saber, son tantas cosas para tener en cuenta». Es que tengo demasiado pudor como para explayarme del modo en que aquí lo hago. Y soy incapaz de condenar a mis amigos al tórrido suplicio de escuchar mis argumentos y mis justificaciones.
Por empezar les tendría que decir que la culpa de todo la tiene el tiempo. Sí, como lo escuchan, el tiempo. El tiempo que se empeña en transcurrir, cuando a veces debería permanecer detenido. El tiempo que nos hace la guachada de romper los momentos perfectos, inmaculados, inolvidables, completos. Porque si el tiempo se quedase ahí, inmortalizando a los seres y a las cosas en su punto justo, nos libraría de los desencantos, de las corrupciones, de las infinitas traiciones tan propias de nosotros los mortales.
Y en realidad es por ese carácter tan defectuoso del tiempo que yo me comporto como lo hago. Como un modo de subsanar, en mis modestos alcances, esas barbaridades injustas que el tiempo nos hace. En cada ocasión en la cual mencionan su nombre, en cada oportunidad en la cual me invitan al festín de adorarlo y denostarlo, yo me sustraigo a este presente absolutamente profano, y con la memoria que el ser humano conserva para los hechos esenciales me remonto a ese día, al día inolvidable en que me vi obligado a sellar este pacto que, hasta hoy, he mantenido en secreto. Un pacto que puede conducirme (lo sé), a que alguien me acuse de patriotero. Y aunque yo sea de aquellos a quienes desagrada la mezcla de la nación con el deporte, en este caso acepto todos los riesgos y las potenciales sanciones.
Digamos que mi memoria es el salvoconducto para volver el tiempo al lugar cristalino del cual no debió moverse, porque era el exacto sitio en que merecía detenerse para siempre, por lo menos para el fútbol, para él y para mí. Porque la vida es así, a veces se combina para alumbrar momentos como ése. Instantes después de los cuales nada vuelve a ser como era. Porque no puede. Porque todo ha cambiado demasiado. Porque por la piel y por los ojos nos ha entrado algo de lo cual nunca vamos a lograr desprendernos.
Esa mañana habrá sido como todas. El mediodía también. Y la tarde arranca, en apariencia, como tantas otras. Una pelota y veintidós tipos. Y otros millones de tipos comiéndose los codos delante de la tele, en los puntos más distantes del planeta. Pero ojo, que esa tarde es distinta. No es un partido. Mejor dicho: no es sólo un partido. Hay algo más. Hay mucha rabia, y mucho dolor, y mucha frustración acumuladas en todos esos tipos que miran la tele. Son emociones que no nacieron por el fútbol. Nacieron en otro lado. En un sitio mucho más terrible, mucho más hostil, mucho más irrevocable. Pero a nosotros, a los de acá, no nos cabe otra que contestar en una cancha, porque no tenemos otro sitio, porque somos pocos, porque estamos solos, porque somos pobres. Pero ahí está la cancha, el fútbol, y son ellos o nosotros. Y si somos nosotros el dolor no va a desaparecer, ni la humillación ha de terminarse. Pero si son ellos. Ay, si son ellos. Si son ellos la humillación va a ser todavía más grande, más dolorosa, más intolerable. Vamos a tener que quedarnos mirándonos las caras, diciéndonos en silencio «te das cuenta, ni siquiera aquí, ni siquiera esto se nos dio a nosotros».
Así que están ahí los tipos. Los once nuestros y los once de ellos. Es fútbol, pero es mucho más que fútbol. Porque cuatro años es muy poco tiempo como para que te amaine el dolor y se te apacigüe la rabia. Por eso no es sólo fútbol.
Y con semejantes antecedentes de tarde borrascosa, con semejante prólogo de tragedia, va este tipo y se cuelga para siempre del cielo de los nuestros. Porque se planta enfrente de los contrarios y los humilla. Porque los roba. Porque delante de sus ojos los afana. Y aunque sea les devuelve ese afano por el otro, por el más grande, por el infinitamente más enorme y ultrajante. Porque aunque nada cambie allá están ellos, en sus casas y en sus calles, en sus pubs, queriéndose comer las pantallas de pura rabia, de pura impotencia de que el tipo salga corriendo mirando de reojito al árbitro que se compra el paquete y marca el medio.
Hasta ahí, eso solo ya es historia. Ya parece suficiente. Porque le robaste algo al que te afanó primero. Y aunque lo que él te robó te duele más, vos te regodeas porque sabés que esto, igual, le duele. Pero hay más. Aunque uno desde acá diga bueno, es suficiente, me doy por hecho, hay más. Porque el tipo además de piola es un artista. Es mucho más que los otros.
Arranca desde el medio, desde su campo, para que no queden dudas de que lo que está por hacer no lo ha hecho nadie. Y aunque va de azul, va con la bandera. La lleva en una mano, aunque nadie la vea. Empieza a desparramarlos para siempre. Y los va liquidando uno por uno, moviéndose al calor de una música que ellos, pobres giles, no entienden. No sienten la música, pero sí sienten un vago escozor, algo que les dice que se les viene la noche. Y el tipo sigue adelante.
Para que empiecen a no poder creerlo. Para que no se lo olviden nunca. Para que allá lejos los tipos dejen la cerveza y cualquier otra cosa que tengan en la mano. Para que se queden con la boca abierta y la expresión de tontos, pensando que no, que no va a suceder, que alguno lo va a parar, que ese morochito vestido de azul y de argentino no va a entrar al área con la bola mansita a su merced, que alguien va a hacer algo antes de que le amague al arquero y lo sortee por afuera, de que algo va a pasar para poner en orden la historia y que las cosas sean como Dios y la reina mandan, porque en el fútbol tiene que ser como en la vida, donde los que llevan las de ganar ganan, y los que llevan las de perder pierden. Se miran entre ellos y le piden al de al lado que los despierte de la pesadilla. Pero no hay caso, porque ni siquiera cuando el tipo les regala una fracción de segundo más, cuando el tipo aminora el vértigo para quedar de nuevo bien parado de zurdo, ni siquiera entonces van a evitar entrar en la historia como los humillados, los once ingleses despatarrados e incrédulos, los millones de ingleses mirando la tele sin querer creer lo que saben que es verdad para siempre, porque ahí va la bola a morirse en la red para toda la eternidad, y el tipo va a abrazarse con todos y a levantar los ojos al cielo. Y no sé si él lo sabe, pero hace tan bien en mirar al cielo.
Porque el afano estaba bien, pero era poco. Porque el afano de ellos era demasiado grande. Así que faltaba humillarlos por las buenas. Inmortalizarlos para cada ocasión en que ese gol volviese a verse una vez y otra vez y para siempre, en cada rincón del mundo. Ellos volviendo a verse una y mil veces hasta el cansancio en las repeticiones incrédulas. Ellos pasmados, ellos llegando tarde al cruce, ellos viéndolo todo desde el piso, ellos hundiéndose definitivamente en la derrota, en la derrota pequeña y futbolera y absoluta y eterna e inolvidable.
Así que señores, lo lamento. Pero no me jodan con que lo mida con la misma vara con la que se supone debo juzgar a los demás mortales. Porque yo le debo esos dos goles a Inglaterra. Y el único modo que tengo de agradecérselo es dejarlo en paz con sus cosas. Porque ya que el tiempo cometió la estupidez de seguir transcurriendo, ya que optó por acumular un montón de presentes vulgares encima de ese presente perfecto, al menos yo debo tener la honestidad de recordarlo para toda la vida. Yo conservo el deber de la memoria.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Esta Mañana ...


Este video es sobre un poema extraído de los Últimos Poemas de Daniel Favero, musicalizado por Mauro Bermeo, primo del joven desaparecido en época de la dictadura. Esta mañana… es un poema que cuenta como se ve el día a día en la dictadura, como lo veían algunos, y como los veían otros.

Daniel Omar Favero, nació el 30 de julio de 1957, desaparecido el 24 de junio de 1977. Fue escritor, músico y estudiante de letras en la facultad de Humanidades de la Universidad de La Plata.

Le faltaban días para cumplir los 20 años cuando lo desaparecieron en junio de 1977. En el año 1992 se presentó su libro, “Los últimos poemas”, editado en una colección de poesía que dirige José Luis Mangieri. Militaba en la Juventud Universitaria Peronista.

Vivía con su compañera María Paula Álvarez en un departamento en la calle 57 e/ 12 y 13. El 24 de junio de 1977, una comisión policial de la brigada de investigaciones comandada por el policía Raúl Orlando Machuca se presentó en el departamento de ellos y los secuestró. Según una testigo, los dos fueron sacados vivos. No se sabe nada de su destino…

Este video lo hizo María Eugenia García de 3° A que participa en el Taller Nuevo Siglo Nuevas Voces y en el Programa Jóvenes y Memoria.

viernes, 13 de mayo de 2011

Netiquette

Las listas de correo (listas de discusión en Internet), al igual que los foros web, son un medio a través del cual, personas con un interés en común, pueden intercambiar información o discutir sobre un determinado tema, a pesar de las distancias que puedan separarlos.

Internet no tiene fronteras, por lo cual, al participar en una lista de correo es común encontrarnos con personas de otros países y otros continentes; ellos tienen otras culturas y costumbres.

Como en todo grupo humano, en las listas de correo, existen también ciertas normas de comportamiento para una mejor convivencia y un fructífero intercambio de información entre quienes participan.
A esas normas, se les ha llamado Netiquette (etiqueta en la red).

Se enumeran aquí las normas básicas y mayormente aceptadas de Netiquette para listas de correo e intercambio de e-mails en grupo. Respetar estas normas básicas nos evitará problemas a la hora de participar y hará más agradable nuestra convivencia en la lista.

Respete siempre
las normas

Casi todas las listas de correo y foros tienen sus reglas.
Infórmese de las normas y reglas antes de participar en cualquiera de ellas. Si no le han informado al suscribirse, o tiene alguna duda, pida que le informen, no tema preguntar al respecto.

Conozca
el tema a
tratar

Al suscribirse a una lista de correos, conviene revisarla durante algunos días sin participar. Eso da una visión general de la manera en la que se tratan los temas en esa lista en particular. A veces, una nota, por muy pequeña que sea, que esté hecha con desconocimiento de algún tema puede generar ironías dentro de un grupo.

No desvíe
el tema

Desviarse del tema tratado es lo que se conoce en Inglés como Off-Topic.
Si desea hablar sobre un tema distinto al que es tratado en ese foro o lista, busque uno que trate el tema que le interesa. No
intente cambiar los lineamientos del foro.

Salude a los
integrantes del
grupo

Al enviar su primer mensaje, salude y preséntese a los integrantes del grupo. Indique brevemente su experiencia o interés sobre el tema que se trata y los motivos por los cuales se suscribió.

Asuma sus
errores

Si le han hecho notar algún error cometido, asuma su responsabilidad conscientemente. Evite ser orgulloso. El orgullo por escrito es más elocuente que el orgullo transmitido verbalmente.
Solicite disculpas al grupo o a los afectados y una vez obtenidas continúe las relaciones normales con los integrantes.

Evite
enfrentamientos

Evitar los enfrentamientos: Agravios, insultos, improperios ... que son corrientes en la red, especialmente en listas y foros abiertos y/o de interés general. Siga estos tres consejos básicos:

A) Sea cortés y no utilice expresiones coloquiales (pueden ser mal interpretadas).
B) Respete siempre las normas del foro y de Netiquette.
C) Trate a todos con respeto, de la misma forma que Usted espera ser tratado

Asuma su
posición
correcta dentro
del grupo

No coloque sus conocimientos por encima del de los demás personas. Dese a conocer a lo largo de sus participaciones en el foro.
Hacer alarde de sabiduría, aunque se tenga realmente, puede generar conflictos y hostilidad.
Mejor que alardear es actuar, ayudar y colaborar con el grupo, así reconocerán sus conocimientos.
La humildad es una cualidad necesaria en Internet.

Envíe respuestas
concretas

Filtre el mensaje que responderá. Hacer una cita del mensaje completo, incluídas las demás respuestas es de mal gusto.
Evite la palabrería y vaya directamente a la respuesta. En los foros con temas específicos, a veces un integrante no conoce totalmente un tema. No se burle de la ignorancia de los demás.

Edite el
mensaje a ser
respondido

Cuando responda un mensaje, editelo, si es necesario, línea por línea para que el receptor sepa qué está contestando exactamente. Citar un mensaje completo y contestar sólo a lo que está planteado en dos de sus líneas hace que se pierda el sentido de la respuesta.
Generalmente, en una lista de correos, cuando se contesta un mensaje que habla de un solo tema, citar las dos o tres primeras líneas basta para que el grupo sepa a que se refiere.

Especifique
a quien va a
responder

Cuando un mensaje llega a una lista de correos, es porque uno de los integrantes lo envió. Eso es obvio.
Al responder el mensaje, diríjalo a la lista, haciendo referencia especial a la persona que envió el mensaje. Salúdelo directamente para que se sepa hacia quién va principalmente dirigida su respuesta.

Utilice
correctamente
la línea Asunto

No haga de al línea Asunto (Subject) del E-mail la mitad del texto del mensaje. Tampoco use expresiones como "Ayuda!", "SOS" o "Duda".
Resuma, allí, en dos o tres palabras el tema del mismo. Para que, quienes lo reciban tengan una idea general de lo que trata el mensaje.
Al responder, deje esa línea tal como está (RE:.....), así será más fácil para todos hacer un seguimiento de los mensajes enviados sobre el mismo Asunto.

No envíe
mensajes
innecesarios

En las listas de correo, evite el envío de mensajes innecesarios. Por ejemplo: si desea agradecer la ayuda recibida de algún suscriptor de la lista, y el mensaje no aporta información que pudiera ser de interés para el resto del grupo, envíelo directamente a la dirección de la persona que lo ayudó y NO a la lista.
Tampoco envíe excesivos mensajes diariamente a la lista, esto puede ser mal visto y aumenta el volumen de trafico en la misma.

No utilice
Autorresponder

Algunos programas y servicios de correo electrónico permiten configurar un mensaje de respuesta automática. NO utilice esa opción si esta suscrito a una lista de correo.

Inicie un tema
con aportaciones
propias o
preguntas.

No se debe preguntar al grupo cosas como: ¿por qué nadie habla de esto o de aquello?
Hay listas y foros de todo tipo y seguramente encontrará usted alguna que hable de lo que usted necesita saber.
Si quiere saber de algún tema de los que se tratan en una lista de correos específica, no pregunte, opine. Tenga en cuenta que a la gente no suele gustarle que venga alguien preguntando por qué no se habla de tal o cual cosa, cuando acaban de terminar una discusión que quizá ha durado días, acerca de ese tema. Normalmente en cada lista o foro existe un archivo, donde alamacenan los mensajes y temas tratados y las participaciones de los integrantes.

Utilice un
formato adecuado
de escritura

Infórmese del formato de correo utilizado en la lista.
Si en la lista es permitido utilizar correo en HTML, por ejemplo, entonces puede enviar los mensajes en HTML o en texto plano. Pero si el HTML está prohibido o el común vota por no utilizarlo, puede ser mal visto que usted lo utilice.
Por lo general, en la mayoría de las listas se recomienda el uso de texto plano (sin formato).

No envíe
archivos adjuntos

El envío de Archivos Adjuntos (Attachements) a las listas de correo está terminantemente Prohibido en la mayoría de ellas. Jamás envíe mensajes con archivos adjuntos a una lista, salvo que este seguro que eso es permitido en la misma. Si tiene dudas consulte antes de hacerlo.

Transmita
emociones

Use frecuentemente los Emoticones. :-)
Así podrían evitarse malas interpretaciones de comentarios sarcásticos y burlones con la intención de poner un toque de humor a su mensaje.

NO
GRITE

ESCRIBIR EN MAYUSCULAS ES EL EQUIVALENTE A GRITAR. Y ADEMAS, LOS MENSAJES EN MAYÚSCULAS SON MÁS INCOMODOS DE LEER QUE LOS QUE UTILIZAN CORRECTAMENTE, MAYÚSCULAS Y MINÚSCULAS.

Haga los
mensajes
cómodos
de leer

TaMpOcO es cÓmodO LeEr lOs mEnSaJeS dE eStE tIpO. AlGuNoS pRoGrAmAs De CoRrEo TiEnEn TiPoS De LeTrAs Q hAcEn eStOs mensAjEs IlEgIbLeS y No eS dE mUy BuEnA eDuCaCiÓn eScRiBiR AsI.

Sea
conciso y
directo

No se extienda mucho en sus comentarios o explicaciones. Escriba con claridad utilizando los signos de puntuación correctamente y dejando espacio entre líneas para separación de los párrafos.

Sea
discreto

Si conoce secretos de algunos de los integrantes, no los revele a la lista completa. No se deben llevar las rencillas personales a la comunidad de la lista de correos.

Respete la
privacidad de
otros

No lea el correo ajeno. Si algún mensaje de uno de los del grupo, dirigido a otro del mismo grupo, llega por equivocación a usted, no lo "pase". Envíelo de vuelta al remitente indicándole que confundió su destino y no vuelva a tocar el tema.

Envíe los
mensajes a
quien
corresponda

Para que no le suceda a Ud. lo advertido en el punto anterior, asegúrese de colocar las direcciones correctas en los campos Para:, CC: y CCO: de su cliente de correos.
Un buen hábito es, dedicar unos segundos a revisar los mensajes antes de enviarlos.

Evite las
malas
interpretaciones

Tenga cuidado con sus opiniones. Por ejemplo, si llega Ud. a comentar algo como: "Ese programa es muy caro, pero me gustaría tener uno", eso puede ser interpretado como el deseo de adquirirlo.

Sea
cordial

Utilice expresiones corteses para dirigirse al grupo, como:

Por favor, serían tan amables de decirme como se hace ...
Me gustaría que, por favor, me indicaran donde ...
Quisiera preguntarles si saben ustedes como ....

Eso demuestra altura y respeto por los participantes.

No
presione al
grupo

Evite las amenazas. Si considera que una consulta suya no fue respondida satisfactoriamente, redáctela de nuevo, explicando cortésmente su insatisfacción y las razones específicas de su consulta. No envíe el mismo mensaje repetidas veces.

Evite
las burlas,
las ironías o
el sarcasmo

Existe todo tipo de caracteres entre los integrantes de una lista o foro. No todos son de su mismo país o ciudad, así que no todos entienden el humor tal cual lo expresa Ud.
Tenga cuidado con ciertos sarcasmos, ironías o terminos populares que pueden ser
mal interpretadas u ofender a personas de otros países y culturas.

Aporte
opiniones o
amplíe el tema
tratado

No cite todo el mensaje para agregar frases cortas como:

"Yo también..." ó "Yo no creo eso..." ó "No te entiendo..."

Dese a la tarea de explicar por qué está de acuerdo, por qué difiere del autor del mensaje o especifique las cosas que no entiende.

Lo especificado en esta lista de normas de Netiquette corresponde a reglamentos básicos de comportamiento en listas de correo y foros web. La Netiquette no se ciñe a este tan corto campo de Internet. Recuerde, que en cualquier rama de Internet en la que usted entre: Usenet, Grupos de Noticias, Chat, etc...; existen una serie de normas similares a las enumeradas aquí que ayudan a llevar a Internet a un lugar seguro en lo que a relaciones humanas se refiere.